Notas de viaje.

abril 6, 2010
Pido disculpas a los amigos que leen este blog por la intermitencia inevitable de mis comentarios durante este recorrido que incluye decenas de encuentros y entrevistas de prensa. Trataré en lo posible de linkear lo que aparezca en otros medios. Y de proseguir con mis impresiones cada vez que el tiempo lo permita.
La Cadena Ser –perteneciente a PRISA–, me hizo una entrevista de una hora de duración, pero apenas sacó al aire un minuto. La Cadena Cero trasmitió algo más. Recuperaré la grabación de esos textos y los colgaré en el blog y en otros medios digitales. Mañana estaré en “59 segundos” de la Televisión Española, junto a Jorge Moragas, secretario de RR. II. del PP, los actores Imanol Arias y Willy Toledo, el eurodiputado Willy Meyer y dos profesionales de la contrarrevolución cubana en Madrid.

Anuncios

Primeras impresiones madrileñas.

abril 5, 2010

E. U. G.
Madrid retorna a la vida. Sus habitantes -hastiados del largo invierno que no quiere irse, y de las tensiones de la mayor crisis económica que se recuerda–, regresan a la ciudad después de los días feriados de Semana Santa. Las carreteras de acceso están congestionadas.
Durante el día transitan cinco mil autos por hora. Los noticieros informan: en los días festivos han muerto 43 personas en accidentes de tránsito. No es un récord, el año pasado murieron 49. Pero aún faltan unas horas, y pudiera alcanzarse la cifra, o superarse. Los periodistas del noticiero lo dicen de una manera que casi parece una meta. Me han cobijado en un apartamento en las afueras de la gran ciudad, y los ancianos sencillos que se reúnen en el parque a
conversar se asemejan a los que aparecen hoy consternados en la televisión, en un pequeño pueblo del interior, donde una niña de trece años fue asesinada por otra niña de su edad. Jaume Matas, un político del PP, ex-ministro de Aznar, sonríe en las páginas de la prensa: ha robado o extorsionado a las dos manos. Pagará la fianza: tres millones de euros. ¿Pagará ante la Justicia? De Cuba, todo; es decir, nada. Hubo al parecer un Congreso de jóvenes en La Habana donde no se habló de los “presos políticos”. Solo eso interesa. Los ancianos humildes hablan de cosas mundanas, “pequeñas”, locales, como sus vidas, sus amores, sus amigos, sus muertos; los políticos, de cosas “grandes”, cosmopolitas, como la manera más expedita de hacer dinero o de destruir una Revolución (cómo devolver a Estados Unidos un país que había sido vendido en 1898).


Preguntas de un trovador que sueña.

abril 3, 2010

Silvio Rodríguez
A Bertold Brecht, por sus Preguntas de un obrero que lee

Si el flautista de Hamelín partiera con todos
nuestros hijos ¿comprenderíamos que se nos va el
futuro?

Si ese futuro que se nos va supiera adónde lo
lleva el flautista de Hamelín ¿partiría con él?

Si un huelguista de hambre exigiera que
Obama levantara el bloqueo ¿lo apoyaría el Grupo Prisa?

Si los miles de cubanos que perdimos familia
en atentados de la CIA hiciéramos una carta
de denuncia ¿la firmaría Carlos Alberto Montaner?

Si algunas firmas meditaran antes de
condenar las cárceles ajenas ¿resultarían incólumes las
propias?

Si un líder del norte es un líder
¿por qué es caudillo el que nació en el sur?

Si la política imperial es responsable de
algunas de nuestras desgracias ¿no deberíamos
liberarnos también de esa parte de la política imperial?

Si condenamos la guerra fría ¿nos referimos a
toda o sólo a la porción ajena?

Si este gobierno ha sido tan malo ¿de dónde
ha salido este pueblo tan bueno?

Aborto (marque con una cruz):
asesinato, hedonismo, piedad

Homosexuales (marque con una cruz):
Elton John advierte que Cristo era gay

¿Quién le importa al PP? (marque con una
cruz):
¿Zapata o Zapatero?

Si la Casa Blanca devolviera Guantánamo y
acabara el embargo ¿qué posición (común) adoptaría
el Kama-Sutra europeo?

Si el que hoy maldice ayer bendijo
¿con quién pasó la noche?

Si de veras nos haría tanto daño una amnistía
¿por qué no me lo explican?

Si la suma de ambas intransigencias nos
extingue y la nada baldía nos arrastra al pasado ¿nuestros
hijos tendrán lo que merecen?

¿Qué pasa con los negros? ¿Qué pasa con los
amarillos?
¿Qué pasa con los blancos?
¿Qué pasa con los rojos, con los azules e incluso con los hombrecillos verdes?

Si alguien roba comida y después resulta que
no da la vida
¿qué hacer?

Si otro Martí naciera entre nosotros ¿podría
Ser emigrante, rapero, cuentapropista, ciudadano
provincial en una chabola periférica?

Patria, Universo, Vida, respeto al semejante
y todos Venceremos un poquito.

Silvio Rodríguez
21 de marzo de 2010
Tomado de Rebelión


Nuevo caso de censura contra Cubainformación en You Tube.

abril 2, 2010

Cubainformación.- El video producido por Cubainformación TV “Lecciones de derechos humanos para Cuba. Parte 1. Una policía democrática”, desde hace unos días, ya no puede ser visionado libremente a través de la plataforma You Tube, que lo ha catalogado como “accesible para mayores de 18 años”. Cuando se pretende acceder al video, aparece este mensaje: “Es posible que el contenido de este vídeo o grupo resulte inadecuado para algunos usuarios, tal y como lo ha marcado la comunidad de usuarios de YouTube”. Ahora solo puede ser visionado por aquellas personas que tienen cuenta propia en You Tube. Este video, en solo dos semanas, ha recibido 38.142 visitas en You Tube, y un número similar en otros portales, incluido el propio de www.cubainformacion.tv
Les invitamos a ver este video a través de nuestra web Cubainformación TV:http://www.cubainformacion.tv/index.php?option=com_content&view=article&id=14182%3Alecciones-de-derechos-humanos-para-cuba-1-una-policia-democratica&catid=39&Itemid=86 Ésta no es la primera vez que You Tube censura un material de Cubainformación. Tras las gestiones de la llamada Human Rights Foundation, con sede en Nueva York, You Tube y Daily Motion retiraron en el año 2009 el video “Armando Valladares: de falso poeta inválido a especulador empresarial”, que describía las actividades criminales de este conocido “empresario anticastrista”.


Las campañas contra Cuba y la maquila de los bostezos.

abril 1, 2010

Eliades Acosta Matos

Mucho más que económica, diplomática o militar, la guerra contra Cuba ha sido, y es, una guerra cultural total, y eso explica su prolongación y encarnizamiento. Y si alguien tiene dudas, que revise por estos días cómo marchan las cosas por el frente mediático, cómo se usan todas las armas, todas las tecnologías, todos los esfuerzos por demoler la resistencia de una isla rebelde negada a diluir su nacionalidad o a entregar su proyecto social.
Cuando se enfrentan ejércitos, flotas o brigadas acorazadas, siempre puede determinarse el minuto en que se inician y en el que cesan las hostilidades, hay treguas, armisticios, incluso, leyes internacionales que rigen los conflictos. Nada de eso se aplica en las batallas donde se enfrentan ideas, visiones del mundo y valores. Parece que para algunos todo puede convertirse en un arma arrojadiza con tal de desmoralizar, aislar, herir, o escarnecer al contrario. Se busca demonizarlo, hacer de su causa un motivo de vergüenza, un anacronismo. No importa lo que se publique, no importa si se miente, no importa si se apela a métodos canallescos, como el trucaje de fotos, la publicación de imágenes que ofenden la dignidad humana, ni siquiera que se hagan llamados a la violencia, o a cometer actos vandálicos. Para esos todo vale, si se logra aislar a Cuba, debilitarla, hacerla un blanco válido para invasiones, “operaciones de estabilización”, “reconstrucción de estados fallidos” o “intervenciones humanitarias”.
Ya se sabe que Cuba actúa sobre ciertos sectores de la política norteamericana como mismo influye la luna llena sobre el hombre-lobo, frase afortunada que corresponde a Wayne Smith, quien dirigiera la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, en tiempos de Carter, y que sabe perfectamente de lo que habla. ¿La razón profunda, casi freudiana, de un encarnizamiento irracional que lleva más de medio siglo y que ha sobrevivido a más de diez administraciones republicanas y demócratas, incluso a la misma Guerra Fría? Pues algo de ello hallamos en un informe de 1965, hace ya 45 años, redactado por Albert Wohlstetter,[i] uno de los estrategas del movimiento neoconservador norteamericano, y quien fue asesor de todos los presidentes que ocuparon el puesto entre Eisenhower y Bush Sr.:
“Debe exigirse a Castro la liberación de los prisioneros políticos, no solo como un acto humanitario, sino para dar un paso más en la formación de una oposición a su gobierno… Sacarlos del país podría ser también un acto humanitario, pero tendría menos valor para el futuro de la oposición en Cuba… No debe firmarse ningún acuerdo para limitar los vuelos espías de los U2 sobre la isla…En la esfera comercial, no debe hablarse de “normalización” de las relaciones entre los dos países, eso no es deseable. El bloqueo contra Cuba deberá mantenerse (entre otras razones) para demostrar a los pueblos de las repúblicas latinoamericanas que el comunismo no tiene futuro en el Hemisferio Occidental… El solo hecho de que esta avanzada del comunismo pueda fácilmente sobrevivir a nuestra hostilidad, e incluso, florecer con nuestra ayuda, estimulará futuras imitaciones de Castro”.
Apartemos, en consecuencia, esas mantras repetidas hasta la saciedad por muchos de los que viven de la industria del enfrentamiento y la hostilidad hacia Cuba, de que su lucha se debe “a razones morales o patrióticas”. Se trata de una guerra prefabricada por razones ideológicas y geoestratégicas que tuvo su inicio, y algún sentido, en el marco de aquellas confrontaciones de la Guerra Fría, pero que hace mucho que se mantiene contra toda lógica, que no sea una lógica imperial. Y en ese escenario, ¿se puede aceptar las protestas de que se actúa de manera independiente, alejada del poder gravitacional de la fuente nutricia, y fuera de los planes de aquellos círculos para los que Wohlstetter trabajaba?
En fecha más reciente, Mark Falcoff, uno de los “cubanólogos” del clan neoconservador, ha actualizado aún más, si cabe, las razones de este odio y persecución inextinguibles. “Desde el punto de vista de la política, de la ideología y la cultura -señaló en una conferencia pronunciada en el American Enterprise Institute, en enero del 2003[ii]- Cuba es mucho más importante de lo que debería ser , teniendo en cuenta su población o su Producto Interno Bruto… El culto a la Revolución pervive en América Latina y Cuba es el único país que lleva adelante el ideal de las transformaciones totales, hasta las últimas consecuencias… Mientras muchos se resienten de nuestro poder, solo Cuba, la pequeña Cuba está decidida a pagar el precio completo de su posición… Es el tipo de bandera bajo el cual pueden reunirse todos los izquierdistas anti norteamericanos y las tendencias utópicas del mundo”.
Pues, no importa cuán galantemente se sueñen, por ejemplo, los Días-Balart o la inefable señora Ros-Lethinen; no importa si se imaginan a sí mismos, y se vendan al público, como cruzados idealistas en pos de derechos y libertades, lo cierto es que no pasan de ser tuercas y poleas de transmisión de una maquinaria que los rebasa. Inobjetablemente, forman parte de una troupe cuyos verdaderos empresarios están más arriba en la cadena alimenticia de la política de la nación más poderosa del planeta. Lo demás es maquillaje y máscara carnavalesca: una forma de vida.
Vistas las razones reales de estas campañas que cada cierto tiempo galvanizan los medios del mundo y que aprovechan por igual tragedias y sainetes, dolores reales y fingidos, carencias y excesos, veamos cómo se estructuran, cómo actúa esta maquila universal de las guerras culturales contra Cuba y las ideas de izquierda del mundo, y que dicho sea de paso, se encuentra trabajando al tope de su capacidad también contra un liberal, como lo es el actual presidente de los Estados Unidos.
Existe un abultado manual de cómo montar campañas contra los enemigos reales o supuestos de los Estados Unidos. En él se inscriben, por ejemplo, las campañas para demonizar a España o Alemania y “venderle” a los norteamericanos la entrada de la nación en la guerra de Cuba, en 1898, o en la Primera Guerra Mundial. A esta enciclopedia de la manipulación pertenecen, por derecho propio, tanto William Randolph Hearst, padre de la prensa amarilla, como Jean Louis Bernays, padre de la Ingeniería del Consenso y la Aceptación. Ambos aplicaron métodos casi idénticos: saturación del mercado de la información, demonización del enemigo y usar la agitación emocional para llegar a influir sobre la elección racional de las personas. ¿Verdad que esto nos suena?
Las contiendas de la Guerra Fría, en el frente cultural, cuando las agencias de inteligencia norteamericanas actuaron como Ministerio de Propaganda y Cultura del país, dejaron un valioso know how, que solo tiene el defecto de repetir las mismas fórmulas “exitosas” hasta el fin de los tiempos. No hay en esto creatividad y lo que contra los soviéticos pudo ser brillante y creador, eficaz y muy difícil de contrarrestar, contra los cubanos no pasa de ser remedo mediocre y surtidor de bostezos. Una panoplia de armas previsibles, de métodos extrapolados a la fuerza, y en consecuencia, ridículos, de consignas rancias, y de figurines en serie delata la decadencia de una manera de guerrear que se asentó sobre las ideas y las concepciones de estrategas brillantes como George Kennan, Llewellyn Thompson o Loy Wesley Henderson. Ellos entendieron la naturaleza ideológica y cultural de aquella confrontación y usaron un enorme surtido de herramientas del mismo tipo. Lo que queda hoy, en el caso cubano, es le elevación forzada a los altares de cualquier logrero, de cualquier vocinglero: la guerra era de ideas, hoy se ha panfilizado. Más bajo no puede caer.
Para Winston Churchill, la forma en que la CIA depuso en 1953 a Mohammad Mossadegh, Primer Ministro de Irán, usando intensamente la combinación de subversión armada, aliento de traiciones y deserciones, fomento de conflictos religiosos, campañas de prensa, guerra psicológica, emisoras radiales clandestinas, caricaturas y documentales, al costo de un millón de dólares, en el marco de la operación PBAJAX, constituyó “… la operación más exitosa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial”. El mismo equipo, incluyendo el CIA Art Group activado para escribir los editoriales que firmaron “periodistas independientes iraníes”, diseñar carteles y caricaturas, fue movilizado un año después para derrocar, de similar manera, a Jacobo Arbenz, presidente de Guatemala. Las únicas diferencias entre ambos casos solo radicaron en el nombre y el costo de la operación. La de Guatemala se llamó PBSUCCESS, y costó el triple que la de Irán.
Contra la URSS y el campo socialista se usaron idénticos enfoques, entre ellos, la fabricación de disidentes en serie, y de organizaciones “independientes” a granel. Las campañas internacionales de prensa y el barraje publicitario alcanzó niveles demenciales. Nada escapó a la contienda: ni el diseño de lavadoras y cocinas, ni los discos que se exportaban con las victrolas de la Wurlitzer, ni los libros que se traducían al ruso o al árabe por el Franklin Books Project, ni el repertorio danzario para las giras de “buena voluntad” de la compañía de José Limon, ni los programas “People to People”, ni las becas Fulbright, ni el Jazz con que el Jazz Ambassador Program, que incluía con toda intención a Gillespie o Armstrong como cartas triunfadoras de relaciones públicas, desmentía ante húngaros y polacos que existiese racismo en la nación. NI hablar de Hollywood o Radio Free Europe.
Existe en los Estados Unidos, a pesar de muchas agencias gubernamentales que no gustan que la luz pública alumbre sus interioridades, una Ley de Libre Acceso a la Información (FOIA), que es el resultado de las luchas del pueblo norteamericano por controlar, en lo posible, el accionar del gobierno, especialmente después de Watergate, y tras conocerse de la aplicación ilegal de programas de contrainsurgencia interna, de aniquilación de la disidencia propia, de manipulación de la opinión pública, como fue el conocido por “Cointelpro”, ampliamente investigado y condenado por la Comisión Church. Gracias a FOIA, y a INTERNET, hoy se sabe, al detalle, cómo se organiza una campaña contra gobiernos “hostiles”, contra enemigos ciertos o supuestos, contra países rebeldes.
Mientras, la industria de la subversión contra Cuba sigue empleando mano de obra nativa, dentro y fuera de la isla, y sigue guiándose por aquel enfoque de que todo vale. Nada nuevo bajo el sol: las mismas campañas con los mismos objetivos, guiadas por los mismos principios y con similares inversiones.
Y esperando el día en que podamos conocer, gracias a FOIA, cómo se llamó esta operación contra Cuba de los chicos creativos de siempre; mediante qué indicaciones se montaron blogs disidentes, se fabricaron organizaciones, periodistas, bibliotecarios, sindicalistas, activistas y toda suerte de independientes; cómo se acarreaba a los espontáneos, se les hacía llegar los textos prefabricados a los inspirados que los firmaban, qué ordenaban los talking points a “El País”, de España y a la red clientelista de la gran prensa mundial, no nos queda más que suspirar de tedio, bostezar y constatar cómo la idea del progreso no siempre se justifica.
Para la maquila de la subversión contra Cuba, cualquier tiempo pasado fue mejor.


Ciclo de charlas y debates en España.

abril 1, 2010

Queridos amigos y atentos enemigos: Llego mañana a Madrid invitado por la Solidaridad española. Están previstos encuentros, debates públicos y contactos con la prensa sobre la campaña mediática hispano-norteamericana contra Cuba. Espero ver por allá a los que vivan en esos lares. A los que no, los mantendré informados por esta vía.


La normalidad y la anormalidad mediáticas de Cuba.

abril 1, 2010

Enrique Ubieta Gómez.
Para vencer el ejemplo cubano, una de las premisas es demostrar que Cuba no es un país distinto. La paradoja es que esa es la base de su demonización. Cada dato, real o supuesto, que iguale a Cuba, desata una ola de acusaciones. Pero existe todavía una paradoja más cínica: esas campañas no pretenden conservar la pureza revolucionaria, si es que acaso fuera posible; nos acusan de ser iguales para obligarnos a ser más iguales. Se demoniza a Cuba por no haber podido impedir el resurgimiento de la prostitución, y la solución implícita, la capitalista, significaría la masificación de la prostitución. Se acusa a Cuba de no haber podido contener ciertas injustas diferencias sociales (sobre todo después del derrumbe del llamado campo socialista) y la solución capitalista sería acrecentarlas, hacerlas más hondas, injustas e irreversibles. Cada médico o deportista que deserta es la victoria de la “normalidad” frente al sueño de una sociedad solidaria. Pero la deserción (que es la renuncia de alguien a su presunta “anormalidad”) es presentada como un hecho en sí anormal, extraordinario: que el futbolista Ronaldo acepte un contrato millonario es normal, que un cubano lo acepte, no. El cubano que deserta no se define a favor de sus intereses personales –como suele ser normal en este mundo–, manifiesta una opinión política. Las imágenes que se trasmiten desde Cuba se regodean en los rincones sucios y demacrados de la ciudad, en los bordes más pobres de su sociedad estrangulada por el bloqueo. Los espacios bonitos son considerados falsos. No importa que esos espacios sean normales –y por eso poco interesantes–, en otras ciudades latinoamericanas. La normalidad cubana debe ser destruida, para que Cuba sea aún más normal. Sobre todo porque no acaba de admitir la más importante y definitoria normalidad: la del “libre mercado” (concepto que en la gran prensa se roba los significados de democracia y libertad). Ahora intentan adjudicarle la muerte –no el asesinato de periodistas o líderes sindicales, como ocurre en Honduras o en casi todos los países latinoamericanos, como ocurría en Cuba antes de 1959–, sino el suicidio de un hombre. Así, sin dudas, sería más normal. Un país que se ha dedicado durante cinco décadas a salvar vidas, que ha sufrido la muerte como castigo a su rebeldía. Ser una más es algo inocuo para cualquier otra sociedad, menos para la cubana, naturalmente. Se construyen represiones policiales, se describen carros siniestros y hombres de civil sin identificación, que recuerdan a los que desaparecen personas en países normales. No importa que en Cuba nadie desaparezca, ni se torture, ni se ejecute extrajudicialmente. Algún día tendrá que ser completamente normal. Cuba debe ser igual, y lo será mucho más el día en que logren revertir su imperfecto pero ético socialismo.